0381 |Benito Cerati y una carrera que empezó como un juego

Benito Cerati es un artista mutante que no encuentra lugar porque tampoco lo está buscando demasiado. Pulula libre y abstraído del mundo, sin reparar en qué momento empezó a afectar la obra de su padre Gustavo (pueden esgrimirse como highlights de influencia Amor amarillo y las letras en conjunto de Ahí vamos)  ni mucho menos en la resonancia de su apellido. 0381 te cuenta algo mas sobre este nuevo artista con un apellido de peso

Su manera de surfear la industria de la música se explica en el título de su más reciente disco al frente del proyecto Zero Kill: Alien head. Es que Benito propone una música texturada, fuera de contexto y arriesgada. Es el chico raro de un rock cada vez más prosaico y tribunero. “El estilo de esta banda es no tener estilo. Es una estética del momento, producto de una transformación constante”, explica el músico con firmeza y muy consciente de su singularidad. Y no se queda ahí: “Tengo muchas referencias, muchas cosas que me gustaría probar. Pero en lugar de meterlas de golpe, las voy filtrando de a poco. Soy muy fan de bandas que mutan todo el tiempo, que tienen discos que no se parece entre sí, que uno desafía al último que publicaron. Primal Scream, Bowie. La de Alien head es una de mis facetas. Seguramente, en el futuro vendrán más”.

Benito llegó hasta aquí después de haber sido producido (y ordenado) por Twetty González en el precedente Trip tour. Y ya por las suyas, su obra suena como craneada por un laboratorista de estudio que se manifiesta sin red y de manera obsesiva. “El 95 por ciento de este disco lo ideé yo. Estuve en todos los detalles y, así, terminé conectando profundamente con las canciones. Estuve  muy presente y en rol de productor más que antes”, detalla el artista, quien a su vez asegura no sentirse intimidado por la situación de estudio.

Pero claro, ¿cómo podría sentirse así alguien quien en su niñez  atestiguó la cocina de la gran bestia pop del rock latinoamericano y en la adolescencia el desarrollo de la fulgurante carrera solista de su padre? “El estudio es como una casa para mí. Es uno de los lugares donde más cómodo me siento, realmente. Estar allí es algo que disfruto mucho, me puedo pasar horas buscando sonidos… Cuando algo se prefigura en mi cabeza, hasta que no lo encuentro, no paro. Por más rebuscado que sea. Lo que para otros puede ser una tortura, para mí es un pasatiempo, un disfrute”.

-¿Utilizaste algún disco de referencia? Algunas texturas y construcciones rítmicas de “Alien head” me recuerdan al “Earthling” de Bowie.

-Va por ahí, totalmente. Ese es uno de mis discos favoritos de la vida. Me encanta que lo asocies a Alien head. El mundo se construye a partir de lo que ya se ha hecho, nada sale de la nada. Entonces, por supuesto que en mi música está Bowie, Beck, Damon Albarn, Trent Reznor, My Bloody Valentine…

-El mayor riesgo de regodearte en el estudio de grabación está en que después no puedas sostener lo que creaste en directo…

-Pero tengo la mejor banda que puedo tener. Unos musicazos, súper amigos con los que conseguí  alta conexión. No puedo pensar en un mejor formato. Es todo súper relajado… Igual, en vivo busco una situación más bandera. En estudio tenés meses de preparación, de búsqueda de perfección, mientras que en vivo todo se vuelve más crudo. Es inevitable que suene más rockero, más Smashing Pumpkins.

-¿Cuál es el ámbito ideal para escucharte? En Córdoba pasaste por una carpa de Cosquín Rock, un resto bar y un Centro Cultural, pero en Buenos Aires viviste la experiencia festival multitudinario…

-Cualquier espacio estará bien mientras viva la situación de show. Sirve un baño, una mesa… Si estoy haciendo música, soy feliz. En la escala festivales no siento la presión dela gente porque… Básicamente, porque me abstraigo. Ver gente adelante está OK en todo caso. Fascinada, indiferente o aburrida, da lo mismo. Disfruto de todo, pero tengo un mundo interno musical que me da lo mismo el lugar en el que estoy, realmente. Me encanta escucharme bien, eso sí.

-Tu papá siempre destacaba en entrevistas que eras un performer de tiempo completo. Ahora bien, en qué momento te picó el bichito de ser artista a toda regla. Quiero decir, ¿cuándo dijiste “quiero mi banda, salir a tocar”?

-Cuando era más chico tuve una banda con compañeros de colegio. Y era de rock, pero yo estaba con Scissor Sisters y los pibes no entendían nada. Empezamos como trío convencional y terminamos con máquinas, sintetizadores, cero guitarra. El que era el violero, re fan de Oasis, ahora vive en Europa haciendo house progresivo… ¡¡¡Lo transforme!!! Pero antes de eso nunca había sido un chico fogón, ¿viste? Siempre fui solitario, no era de mostrar mis dotes a nivel social. Hacer música fue una cosa muy unitaria. El tiempo hizo lo suyo, supongo. Ahora con nueva banda armada, volví a tener ese vínculo de hermandad… Sigue siendo un proyecto mío, pero aprecio tener una banda, compañeros.

-Zero Kill plantea canciones en inglés sin conflicto. ¿Sentís presión de escribir en español? ¿Te cuesta?

-No, la verdad. Todo depende de lo que me pida la canción. El ritmo te marca una cadencia y hasta te sugiere un lenguaje determinado y en un idioma preciso… El castellano es más ruidoso y, si te ponés a pensar, su uso representa una ventaja en algunos casos. No me cuesta usarlo, para nada. Es más, muchos me dicen que he logrado usar nuestro idioma con cierto sentido del humor.

-¿Y qué podés decir de tu expresión vocal?

-Que me siento muy cómodo con ella. Entre la grabación y la producción del disco, viví el cambio de voz, descubrí matices y viví un tambaleo. Pero con el disco vino mucha seguridad expresiva, además de haber aprendido a conocer hasta dónde puedo llegar. Me siento súper y he recibido buenas devoluciones. Hubo un momento incómodo pero ahora estoy bien, súper seguro. Escucho el disco y me gusta cómo quedó la voz.

-A la cultura pop se la asocia tanto con la ambición de superarse artísticamente como la de lograr  objetivos estadísticos a gran escala. ¿Comulgás con la segunda instancia o preferirías ser más de culto, más canuto?

-Esto (la música, poder armar un proyecto) fue un juego, una cosa que me divirtió siempre. Así que poder dedicarme a esto es impresionante. No tengo la ambición de llenar estadios, pero tampoco me voy a hacer el elitista para decir que no me importa lo que pase de ahora en más. Los que quieran subirse al tren, serán más que bienvenidos.  Nos veremos en alguna parada.

En contra de lo póstumo

Benito Cerati siempre se manifestó contrario a la posibilidad de que sea publicada la obra inédita de su padre. “Siento eso como fan de la música. No me gusta escuchar canciones que no fueron publicadas con la voluntad del artista. Los discos póstumos de Michael Jackson o estas nuevas canciones de Bowie, personalmente, no me atraen porque no tienen la aprobación de sus creadores. No me cierra este asunto por ese lado. Por ahí son cosas que están buenísimas, pero si no las editó quien las creó, serán incompletas”, sostiene Benito.

“Por otra parte, no hay mucho material desconocido de mi viejo. Sucede que, por lo general, él trabajaba sobre la demanda, sobre lo que iba a publicar. Pero en el caso que aflore o se encuentra algo desconocido, mi postura es la de serle fiel al arte trabajado y aprobado por su creador”.

Benito también tiene algo para decir sobre Séptimo día, la puesta de Cirque du Soleil sobre el legado de Soda Stereo: “Fui a las reuniones muy de representante familiar. Lo conocí lo suficiente a mi viejo como para saber qué le hubiera gustado y qué no”, analiza. E inmediatamente, cierra a pura confianza y sentido común: “Ellos son profesionales inmensos que nunca hicieron algo medio pelo. Lo que sea que hagan, seguro estará bien”.

Fuente: http://vos.lavoz.com.ar/musica/benito-cerati-y-una-carrera-que-empezo-como-un-juego?cx_level=player_home_lvi_extendido

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