0381 CINE | No me arrepiento de este amor

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Natalia Oreiro se mete en la piel de una leyenda de la cumbia en el filme de Lorena Muñoz.

GILDA, NO ME ARREPIENTO DE ESTE AMOR
GÉNERO: drama/musical. DIRECTORA: Lorena Muñoz
PROCEDENCIA: Argentina/Uruguay. AÑO: 2016.
CON: Natalia Oreiro, Javier Drolas, Roly Serrano, Lautaro Delgado, Ángela Torres.
DURACIÓN: 118’.
CALIFICACIÓN: para mayores de 13 años.

La fábula de la maestra jardinera que devino estrella de la música tropical tuvo -se sabe- un final trágico. La muerte en un accidente vial truncó la carrera de Gilda pero le dio nacimiento al mito. Con esa figura se fascinó años atrás Natalia Oreiro, aunque su idea de convertir la historia en película pudo concretarse al cabo de numerosos intentos. Por ejemplo, la obtención de los derechos musicales, en poder del hijo de la cantante, no fue sencilla. Finalmente, el empuje de Oreiro y de la directora Lorena Muñoz superó los obstáculos y el estreno nacional de “Gilda, no me arrepiento de este amor” es una satisfacción que ambas comparten y celebran.

“Ella irrumpe en un momento en donde la mujer en la cumbia tenía otro lugar, otro estilo, otra forma de vestirse y de verse. Ese momento era de las voluptuosas, de las rubias platinadas. Y ella era flaquita, una chica de Devoto, maestra jardinera, una mujer de 30 años con dos hijos y una familia constituida que decide cumplir su sueño. Además escribía sus propias canciones, también era poco habitual. Sus letras eran simples, pero profundas, hablaban del amor”, destacó Oreiro en una entrevista concedida a Baires Directo.

Encarnar a Gilda es un desafío que Oreiro afrontó al cabo de una intensa preparación. Además de meterse en la piel de esa mujer a la que describe con admiración, la actriz interpreta sus canciones en la pantalla.

“Pero para mí lo más difícil fue la parte sin el peinado, sin el maquillaje, sin la ropa que usaba en el escenario -confesó Oreiro a Página/12-. La gente va a ver una Gilda desconocida. Eso fue posible porque Fabrizio me dio mucha información de su mamá, vi fotos de ella en su faceta casera. También vi videos caseros. Sus tres mejores amigas participaron en el trabajo de investigación contándome cómo era ella. Empecé a comprender más de mujer a mujer lo que le pasaba. Quise tener la esencia de ella, captar la luz”.

La película cuenta esas vidas de Gilda de la que habla Oreiro, la pública y la privada. Claro que el poderío de su impronta escénica es uno de los puntales del relato. “Para mí, su verdadero amor romántico no fue ninguna de sus dos parejas, sino el público -opina la actriz-. Creo que ella estaba entregada a su público y lo otro era circunstancial. ¡Era una persona que le daba el número de teléfono a sus fans!”

Muñoz saltó del documentalismo a la ficción con esta película, cuyo guión escribió junto aTamara Viñes. Junto a Oreiro aparecen, en los principales roles secundarios, Roly Serrano, Javier Drolas, Lautaro Delgado y Daniel Melingo. Ángela Torres interpreta a la Gilda adolescente. El tratamiento musical quedó en manos del prolífico Pedro Onetto, quien había trabajado en “Infancia clandestina” junto a Oreiro y a Benjamín Ávila, quien aquí comparte los créditos de producción.

PUNTO DE VISTA

Una diosa con santuario propio

EXEQUIEL SVETLIZA  – Licenciado en Letras

No existe una respuesta simple para explicar cómo un artista, un deportista o un político se convierte en ídolo popular. Del escenario a las remeras y santuarios hay un camino en el que inciden varios factores.

El caso de Miriam Alejandra Bianchi Scioli, para nosotros Gilda, no es la excepción. En su canonización popular seguramente ha influido que su corta pero meteórica carrera como cantante coincidió con el momento en que la cumbia se popularizó entre la clase media argentina. A comienzos de los 90, la cumbia dejaba de ser un género musical plebeyo y empezaba a sonar tanto en casamientos como en boliches. En ese contexto, su trágica y prematura muerte en un accidente de tránsito terminó de mitificar su figura.

Sabemos que Carlos Gardel, después de muerto, también canta cada día mejor. En ese proceso que llevó a Gilda a la idolatría popular hay que destacar el rol que desempeñó la industria musical. Esa misma industria que obliga a los músicos del género en el apogeo de su carrera a una vorágine de shows cada noche, y después los continúa explotando como imagen icónica.

Ella transcendió también esas fronteras: sus canciones siguieron sonando en Attaque 77 y con Leo García; en la literatura de Washington Cucurto; en publicidades, novelas y demás productos de los medios masivos.

Por último, está aquello que escapa de los dominios de la razón: el mito, se sabe, es un relato que es considerado verdadero por quienes deciden creer en él. Y Gilda, en el afecto de muchos, es también una diosa con santuario propio.

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