0381 | Tucumanzeta, un empuje para salir a la cancha

En el relato de Ana María Chehin sobre el segundo encuentro del Taller de Periodismo Narrativo de los chicos de Tucumanzeta que se realizó el viernes 18 de noviembre en la Asociación de Prensa de Tucumán. Los cronistas salen a buscar sus historias.

Los cronistas de Tucumán Zeta ceden la palabra y quieren escuchar. No sólo qué tal estuvo el trabajo del campo sino -y principalmente- cómo se sintieron con la labor del cronista.

El encuentro de hoy tiene dos partes. En la primera, la propuesta es oír lo que cada uno tiene para decir de lo que hizo por su historia. En la segunda, es ver qué se puede hacer con todo eso, es decir, cómo se puede estructurar la crónica y cómo se incorpora el material. En síntesis, hoy la idea es desarmar las infinitas piezas del reloj para ver cómo se arma de nuevo.

 

Primer tiempo

Las experiencias con el trabajo de campo son absolutamente disímiles, lo cual confirma la norma: -salvo nunca traicionar la verdad- en la crónica no hay reglas. Cada cronista resolvió su caso de manera particular, pero se podría decir que hay tres tendencias: una con mucho material para organizar, otra en la que todavía falta andar un poco más para reunirlo y una última, en la que la mejor opción parecería ser cambiar de rumbo.

Algunos lograron entrevistas jugosas. Se encontraron con cosas inesperadas, recopilaron anécdotas, se enteraron de lo que no sabían –y ni imaginaban-, se sorprendieron de la confianza que ganaron, accedieron a documentos, fotos, placas, cartas. Completar la “fichita policial” resultó un imprescindible. El asombro ante ciertos descubrimientos provoca un gran entusiasmo. Sobra interés por la vida de los personajes y también, sobra material. Qué bueno. Hay que organizarlo.

Bruno piensa que cuando uno encara un personaje que te enamora siente que todo lo que dice es importante. Eso nos hace pensar qué historia queremos contar, volver al objetivo, disociar qué es lo periodísticamente determinante y qué no. Jerarquizar la información. Si se abrieron muchas puertas la idea es que esta mesa de redacción sirva para entrar a una sola. Al menos ese es el desafío por ahora. También está presente que una historia particular puede contar un drama mayor.

Las técnicas para registrar las entrevistas también fueron variadas. Algunas se grabaron con el teléfono, otras con grabador. Melisa, por ejemplo, estuvo dos días para convencer al personaje. Finalmente logró persuadirlo de que accediera a la charla pero no a la grabación. Le preocupa no tener la gimnasia de la memoria para dejar sentadas en un papel cuatro horas de café. Bruno aconseja escribir al volver de una entrevista lo que se recuerda inmediatamente, como un ejercicio que a su vez permite una jerarquización.

Enfrentar esas vicisitudes obligan a asumir un rol auténtico de periodista y reflexionar hasta qué punto la entrevista tiene que tener respaldo de la grabación. Grabar o no grabar, esa es la cuestión. Y entonces, si se graba ¿qué se hace? Desgrabar requiere un entrenamiento. También se aprende a escuchar desgrabando. Lo importante es la escucha completa de ese material. Otros registros como las fotografías son un recurso muy importante que ayudan a la memoria. No sólo sirven los recursos tecnológicos a los que tampoco hay que aferrarse demasiado. Hay que explotar al máximo los sentidos. Mirar, oler, tocar, para poder traducirlos en la crónica.

Las entrevistas despiertan la curiosidad por acudir a otras fuentes, buscar en internet, en archivos, leer historia. Hay interés por hablar con allegados al personaje, descubrir los puntos de vista de la gente que lo rodea.  A Exequiel le parece que hay que desconfiar todo el tiempo, despertar la duda.

Las dificultades para entrevistar, las barreras para acceder a cierta información también forman parte del camino. Una alternativa es rodear al personaje. En “Sinatra está resfriado”[1] Gay Talese nunca se reúne con él y sin embargo, escribe una historia estupenda. El personaje puede no hablar e igualmente decir un montón. Andrés Burgos escribe El partido aunque nunca lo consigue a Maradona. Asediar a un personaje sin llegar a él puede ser una forma de transitarlo.

Hay quienes se acercaron sigilosamente al personaje. El trabajo se concentró en acordar la entrevista, que no es poco. Cada historia requiere su particular abordaje.

Y también, hay historias que no serán. Esto pasa, forma parte de la realidad. Volvemos a la elección del tema, tener en cuenta la propia intuición, escucharse a sí mismo, ver si es posible sortear las dificultades. A veces fallan las fuentes, a veces la historia no te seduce. Nada peor que contar una historia que no se quiere contar. Eso sí, abandonar un tema no significa renunciar a la escritura, es apenas un cambio. Quienes no están conformes con lo que habían elegido tienen un as bajo la manga. Siempre hay algo que contar.

Pasar de la idea a la acción llenó a todos de expectativas. El partido está en marcha hay sed por contar historias, hambre de cronicar.

Para cerrar la etapa de reportería los cronistas acuden a los grandes maestros y refuerzan con ejemplos de sus textos los siguientes consejos:

  • Insistir
  • Mirar
  • Escuchar
  • Frecuentar
  • Seducir
  • Conocer el personaje
  • Volverse opaco
  • Singularizar lo general
  • Buscar los detalles
  • Mostrar antes que explicar

Estas recomendaciones pretenden alentar la escritura. La mirada es muy personal siempre. Ejercitarla significa mirar qué hay detrás de lo que se ve a simple vista.

Cuando el interés es genuino y humano, y la búsqueda está en conocer una persona y no sólo en encontrar un titular; cuando esa búsqueda se traduce en una crónica bien hecha, uno (el cronista) sale cambiado. Nunca es el mismo. Sirve como ejemplo “La última misa del Padre Juan”[2] de Bruno, que contrasta con la excesiva y poco responsable cobertura de ciertos medios que buscaron en este caso –y lo hacen a diario con otros- la primicia amarilla o la declaración rimbombante.

La magia está en la manera de contar. La forma de narrar lo hace todo: no se trata de contar el chiste sino de saber contarlo. Es necesario preguntarse si sirve describir todo lo que uno ve. A veces menos es más. Hay cosas que pueden ser funcionales al relato, otras que no. La misma lógica se pone en marcha si se dejan los hechos hablar por sí solos sin juzgarlos. Exequiel trae un excelente ejemplo de la ficción para pensar esto. García Márquez no necesitó decir cuánta pobreza invadía la escena del coronel raspando el tarro de café en El coronel no tiene quien le escriba[3]. Basta con mostrar.

 

Segundo tiempo

Una vez que está el material ¿Qué hacemos con todo eso?

Se plantean algunas alternativas de estructuras como guías. La elección depende de la historia y de los personajes. Y claro está, son apenas una muestra.

  1. Orden cronológico: La crónica ejemplar es “De gira con Charly” de Daniel Riera[4]. La textualidad remite al vértigo, el acento está puesto en dar cuenta de eso a través de la forma.
  2. Texto circular: Empieza y termina donde comienza. Ejemplo “Parirás con dolor” (Licitra) o  “El rastro en los huesos” (Guerriero).
  3. Historia fragmentada: Un recurso posible es separar en segmentos narrativos que dan un giro al lector y le dan aire a la historia.
  4. Modelo de la novela negra: El periodista se homologa con el detective. El ejemplo clave es Operación Masacre de Walsh. Se juegan la reconstrucción y el seguimiento de pistas.

 

Trama

La trama es la columna vertebral, el eje narrativo que atraviesa la historia. Sirve para hacer un plano general una vez que tenemos el crudo. Permite marcar lo relevante: preseleccionar, jerarquizar la información sin perder de vista el eje. Bruno remite al género documental como modelo, estrechamente emparentado con la crónica por sus formas narrativas comunes. Exequiel cuenta que arma la estructura tentativa de sus textos a partir de títulos que le dan forma y que además pueden ser intercambiables. Como sea que se haga, organizar la información es clave, ayuda a enfrentar la escritura.

Una vez que está la trama el cronista deviene artesano. La metáfora del escritor como escultor es maravillosa. Ahora hay que tallar la piedra.

 

Caja de Herramientas

Incorporación de diálogos en el texto. Son fundamentales porque a veces revelan a los personajes a quienes imperativamente se debe escuchar y respetar. Ciertas particularidades en la manera de decir, dicen sobre ese personaje.  El azúcar de la conversación está en la transparencia del diálogo.

Atención especial al comienzo y al final. El inicio es lo que seduce y cautiva. Y el cierre tiene que tener un efecto, se cierra una historia. Los comienzos y los finales conllevan más energía que el resto del texto y son las partes que más trabajo implican a nivel escriturario.

Los cronistas insisten en la lectura de textos que son siempre una inspiración.

En “El pueblo que sobrevivió a una masacre amenizada con gaitas” de Alberto Salcedo Ramos, ellead da los datos básicos pero sobre todo seduce por la manera en que está escrito, obliga a preguntarse qué pasó. En el cierre está lo visual, el cronista que aparece y cierra el recorrido que empezaba en el árbol. Hay una evolución del pasado hacia el presente. La maestría del ejemplo impacta. Juan Luis dice que hay que dejar en el texto esas ganas de seguir, producir un impacto. Y tiene razón. Bruno invita a ejercitar en el trabajo de reportería la idea de pensar cuál puede ser el comienzo o el final. Si bien la información clásica qué, cómo, dónde, cuándo, quién, porqué tiene que estar, hay que aprender a dosificarla cree Pedro. García Márquez viene a colación con Crónica de una muerte anunciada. Sabemos que Santiago Nasar va a ser asesinado desde la primera línea, la genialidad está en cómo ha sido contada esa historia.

Se suceden los ejemplos de textos con inicios y finales majestuosos: “Parirás con dolor”, de Licitra;  “Un tatuaje, un puñal” de Daniel Riera; “La caída de un crack” de Diego Jemio”[5]; “Carnaval Caté” de Rodolfo Walsh; “El caso Robledo Puch” de Osvaldo Soriano. La lectura colectiva aviva la discusión. El aula de la redacción está a pleno. De pronto el taller está desarmando los relojes de los otros para aprender a armar los propios.

Todos coinciden en que no existe “la” formula.

La propuesta para el próximo encuentro es, entonces, el ejercicio con la propia escritura. Escribir el comienzo y el final.

Último consejo:

  • Lean, pero también escriban.

Fuente: http://tucumanzeta.com/la-magia-esta-en-la-manera-de-contar/

 

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