En Tucumán, los discursos se llenan de promesas sociales, pero en el Congreso se votan recortes. Así se sintetiza la paradoja de los hermanos Yedlin: mientras Gabriel, exministro provincial de Desarrollo Social, reclamaba públicamente un aumento de la Asignación Universal por Hijo (AUH), su hermano Pablo, diputado nacional, votó la reforma previsional que, en la práctica, la recorta.
En plena campaña electoral, Gabriel Yedlin denunció el deterioro social bajo el gobierno de Mauricio Macri. Señalaba con vehemencia que “la gente tiene hambre” y exigía aumentos urgentes en la AUH para equiparar la suba de alimentos. Su hermano Pablo, por entonces también candidato, replicaba ese discurso en entrevistas, redes sociales y spots, acusando al macrismo de vaciar la política social y prometiendo “ponerle un freno desde el Congreso”.
Pero una vez pasadas las elecciones, los hechos se impusieron sobre las palabras. Ayer, Pablo Yedlin votó a favor de la reforma previsional impulsada por el oficialismo nacional, que modifica la fórmula de actualización de la AUH y, en los números concretos, significa menos dinero para las familias que más lo necesitan.
Con la nueva fórmula, el monto de la AUH aumentará a $1492, lejos de los $1616 que le hubieran correspondido con el índice anterior. Así, la misma política social que los Yedlin aseguraban defender termina recortada con su aval.
Este giro no sorprende del todo. Ambos hermanos, formados en la estructura del peronismo tucumano, supieron moverse entre la crítica y la gestión sin abandonar el poder real. Gabriel, desde su rol ministerial, tejió alianzas institucionales con universidades y organizaciones sociales. Pablo, desde su banca, ya ha acompañado otras leyes clave para el Gobierno Nacional, entre ellas la reforma tributaria, también criticada por beneficiar a los grandes grupos económicos.
Los Yedlin representan, entonces, una postal del doble juego del PJ local: opositores en la superficie, aliados cuando se trata de garantizar la gobernabilidad del ajuste. En nombre del pueblo, votan contra el pueblo.
En Tucumán, el discurso de la justicia social convive con el respaldo a medidas que profundizan la desigualdad. La pregunta no es qué dicen los Yedlin. Es qué votan. Y en ese terreno, ya no hay ambigüedades.

